Existe una delgada línea entre tratar mal y maltratar

Existe una delgada línea entre tratar mal y maltratar

por / lunes, 18 junio 2018 / Publicado enArtículos Interés, Blog
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Por Susana García (directora de Centro Fames)

 

¿Es lo mismo “tratar mal” que “maltratar”?

Hace unos días proponía esta pregunta a mis seguidores de facebook con el fin de reconocer las diferentes emociones que despiertan estas palabras, según la interpretación que cada uno les da.

Muchas fueron las respuestas. Para algunos, es lo mismo. Para quienes veían diferencias encontraban la segunda mucho más negativa. Aunque dentro de estas últimas opiniones, resalto una más repetida, la facilidad con la que podemos pasar de tratar mal al maltrato.

De esto voy a escribirte hoy.

 

La delgada línea entre tratar mal y maltratar.

 

El significado académico.

 

Para ser algo más rigurosa, voy a escribir aquí qué dice la RAE acerca de los vocablos, independientemente que la interpretación personal que suele ir mucho más allá del significado propiamente dicho.

 

Empecemos por “tratar mal” que incluye dos palabras:

Tratar – Tiene muchas acepciones, aunque la más cercana al tema que nos ocupa sería

“ Comunicarse o relacionarse con alguien”

 

Mal – También muchos significados, nos quedaremos con la que más se acerca:

“Daño u ofensa que alguien recibe en su persona o hacienda”

 

Por tanto, “tratar mal” quedaría algo así: “Daño u ofensa cuando te comunicas o relacionas con alguien”

 

Busquemos qué dice de “maltratar”:

Maltratar – Solo contiene dos significados que se diferencian poco con el anterior.

  1. tr. Tratar mal a alguien de palabra u obra. U. t. c. prnl.
  2. tr. Menoscabar, echar a perder.

 

Según la RAE parece que pocas diferencias, aunque es bien sabido que primero se producen los cambios del lenguaje en el día a día de las sociedades y posteriormente se actualiza desde la academia de la lengua.

Para muchos maltratar ya lleva la connotación de delito pues se asocia con aquellos casos que aparecen en las noticias y puedan ser llevados a juicio.

 

Las interpretaciones y las creencias.

 

¿Cómo se produce ese cambio de significado en la calle? ¿Es igual para todos? ¿Qué influye en las diversas interpretaciones?

Las interpretaciones que cada uno expone dependen de sus vivencias personales, de lo aprendido en el seno familiar y cultural. Todo ello lleva a ver la vida de una forma en lugar de otra.

Hay para quien levantar la voz cuando se enfada es tan natural como beber agua cuando tiene sed. Así lo ha vivido en su casa y en su entorno. Por tanto, quizá crea que es la forma de comunicarse cuando hay un conflicto o discusión.

La creencia que puede generarse es: “Así se comportan las personas que defienden sus ideas”

Por el contrario, habrá personas que se hayan educado en la idea contraria: levantar la voz es de personas groseras y nunca se debería levantar la voz. Probablemente ante un conflicto su comportamiento será distinto. Quizá para esta persona, el grito sea una forma de funcionar inapropiada y estéril, en su lugar utilice otro tipo de lenguaje más conciliador.

La creencia que puede generarse es: “Así se comportan las personas para defender sus ideas”

¿Quién de ellos tiene la verdad absoluta? Ninguno y los dos. Cada uno tendrá su percepción.

Aunque, hablar gritando resulta menos agradable y define una deficiente forma de comunicarse. Desde luego se puede dañar a alguien, como mínimo, supone una molestia para otros. Existen formas más óptimas de comunicarse, dado que la asertividad permite defender las propias ideas sin necesidad de gritar al otro. Así pues, se observa una falta de recursos generadores de malestar.

Por tanto, por mucho que uno crea, porque así lo ha vivido, que gritar (o cualquier otro tipo de trato poco amable) no es para tanto, la realidad es otra. Se trata de una forma de relacionarse bastante negativa, generadora de rechazo. Es necesario cuestionarse esta forma de actuar y buscar alternativas.

Ante un conflicto o ideas opuestas, el paso a dar es cuestionarnos nuestra interpretación del hecho, preguntarnos si aquel otro tendrá también su pedazo de verdad. Es ampliar nuestro mapa con las percepciones de otros.

Ese es el objetivo de mi pregunta y de este artículo. Abrirte a nuevas perspectivas.

 

Qué piensan los que piensan que ambas cosas son distintas.

 

Yo hice la pregunta precisamente por ello, por saber qué significado le dan las personas, de forma individual. La interpretación que cada persona da a unas palabras va estar altamente influenciado por su percepción.

Estas son las visiones que he recogido sobre quiénes creen que es distinto y mis reflexiones en forma de pregunta.

Para muchos son cosas distintas en base a lo siguiente:

– Porque consideran que en unos casos existe la falta de intención de hacer mal (refiriéndose a “tratar mal”); mientras que, al referirse a “maltratar” ven una intencionalidad clara de hacer daño de cualquier tipo, incluso aprovechando la superioridad de una persona sobre otra.

– El hecho que unos padres esperen demasiado de sus hijos, no los valoren, es considerado en la línea anterior, de un amor mal entendido (no dejes de leer mi artículo Padres tóxicos – el veneno está en la dosis acerca de esto). De igual forma una salida de tono con la pareja u otra persona. En estos casos consideran más que es un caso de “tratar mal”.

– Otros indican que “tratar mal” puede asociarse a cosas como no escuchar o atender, relacionarse de forma poco óptima o similar. Diferenciando que “maltrato” lleva añadido vejaciones e insultos.

– También indican que las diferencia si es un hecho más puntual o algo más continuado. A mayor tiempo mayor cantidad y, en consencuencia, más cerca al “maltrato”.

– El “maltrato” lo ven más como indica la ley: intencionalidad de daño ya sea físico o psicológico.

 

Leyendo, te darás cuenta que hay dos supuestos que, según estos comentarios, diferenciarían ambas cosas:

  1. Intencionalidad
  2. Duración en el tiempo

 

Desde aquí mi cabeza se llena de preguntas para la reflexión:

Pongamos, por ejemplo, las relaciones padres e hijos. Allí, en el desarrollo familiar, donde se originan nuestra forma de relacionarnos y aprendemos las primeras conductas.

Imagina por un momento, un padre o madre que por desconocimiento de recursos “trata mal” a sus hijos: exceso de expectativas que provocan presión para ser el mejor, desvalorización de sus talentos y esfuerzos basados en educación recibida, victimismo por creencias basadas en miedos o similar, comportamientos trasladados por una falta de estima personal, sobreprotección excesiva de los hijos sin dejar que experimenten y aprendan,…

Ante estos hechos, los padres no serían considerados (siguiendo el hilo de los comentarios recibidos) maltratadores. ¿Qué pensaría el hijo o hija? Se sentiría tratado mal, eso seguro, ¿se sentiría también maltratado en algún aspecto de su vida? Habría que preguntar.

Si los sucesos se repiten a lo largo de la vida de un hijo o hija, aunque carezcan de intencionalidad, ¿la duración en el tiempo los convertiría en “maltrato”?

¿Dónde está la línea divisoria en el tiempo? ¿Cuánto tiempo, o veces, necesita suceder algo para que se considerase “maltrato”? ¿Cómo mediríamos ese tiempo? ¿Dónde estaría la línea entre uno y otro, un año, dos, cinco, veinte?

¿Hasta cuánto vamos a considerar la falta de intencionalidad? Especialmente si se da una situación donde unos (los hijos) van a crear su personalidad y adquirir recursos basados en la forma en la que son tratados.

¿Cuáles son las repercusiones en los hijos? ¿Cuándo se dan estas?

¿Asociamos quizá “maltrato” a mala persona? ¿Sería “tratar mal” la antesala del “maltrato” si se nos va de las manos?

 

Qué dicen quienen piensan que ambas cosas son iguales

Por otro lado, quiénes estimaban que era lo mismo, indicaban además que aunque podía diferenciarse según lo expuesto en esos dos hechos anteriores, la línea era muy delgada entre uno u otro comportamiento.

Dejaban entender que quien “trata mal” puede traspasar esa franja con facilidad y convertirse en “maltrato”.

 

¿Para qué es importante que tomemos conciencia y reflexionemos?

 

Para poder transformarnos, para avanzar, para crecer, para convertirnos en mejores personas. Porque no se trata de flagelarnos, ni a quienes nos “trataron mal” en alguna ocasión o en muchas.

Esa persona inconsciente de su actitud dañina tiene la oportunidad de cambiar, aunque para ello es necesario auto-cuestionarse primero.

También sabemos que, en ocasiones, el otro, quien daña, no es capaz de darse cuenta. Esto es especialmente importante cuando somos niños. Entonces somos nosotros quién, al llegar a la vida adulta, podemos cambiar la visión, transformarnos. Aprender a poner límites al otro por un lado, para evitar ser dañados. Al tiempo, eliminar aquellos programas negativos que nos instalaron y crear nuevas conexiones más amorosas.

Ahí es donde quiero incidir, porque a veces solo hace falta un mal día, unas emociones encontradas, para traspasar la frontera entre uno y otro.

Cualquier puede tratar mal en alguna ocasión, muchas porque no se es consciente de ello y por falta de estrategias; algunas, incluso, a sabiendas. Algunos maltratan utilizando el insulto, las vejaciones o la violencia física.

El problema surge cuando, precisamente por la falta de toma de conciencia y desconocimiento, ese tratar mal se repite una y otra vez, aumentado con una relación de superioridad (padres-hijos, profesores-alumnos,…) finalizando en agravios y malos modos.

Esto, resumiendo, se acerca más al maltrato. Y la línea es tan delgada y los recursos tan escasos que se transgrede esa línea muchas más veces de las que nos gustaría reconocer.

 

Mis reflexiones.

 

Es más probable llegar a “maltratar” si tenemos comportamientos y actitudes por las que “tratamos mal” (por muy inconscientes que estas sean).

Para evitar traspasar la línea, sería más útil tomar conciencia de nuestras actitudes cuando “tratamos mal” en lugar de mantener el equilibrio en dicha línea.

Necesitamos revisarnos y contrastar con otros para identificar actitudes en las que “tratamos mal” y transformar nuestro comportamiento.

El hábito de “tratar mal” de forma continuada puede acabar por hacer sentirse  “maltratados” a otros.

Minimizar los comportamientos cuando “tratamos mal” a alguien nos acerca a la línea roja del “maltrato”.

Tomar conciencia de nuestras actitudes para poder modificarlas es el mejor regalo que podemos hacernos a nosotros mismos y a las personas que amamos.

 

Conclusión final.

Nuestra mejor opción es tener comportamientos positivos con las personas y educar en ellos a nuestros hijos y alumnos. De esta forma podremos evitar situarnos en el área de peligro, en esa pequeña línea y transformar la sociedad.

Cambia la palabra “maltrato” por actitudes muy tóxicas y “tratar mal” por algunas actitudes tóxicas. Esta es la premisa sobre la que creé el curso “Superar Parentalidad Tóxica Sin Sufrir”, sobre las muchas actitudes tóxicas que tenemos, heredadas o no, y que, como consecuencia, nos llevan a comportamientos dañinos con pareja, hijos y otras personas.

¿Puedes tú asegurar que nunca trataste mal a alguien sea de la forma que sea? Si es así, mi enhorabuena, sino te animo a realizar este curso online gratuito en el que podrás medir tu nivel de toxicidad mediante el test (haz click en la imagen).

 

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2 Responses to “Existe una delgada línea entre tratar mal y maltratar”

  1. IRMA ROSARIO RUIZ ARIAS dice: Responder

    HOLA¡¡
    ME INTERESA EL CURSO EN LINEA.SALUDOS

    • Centro FAMES dice: Responder

      Estimada Irma, para realizar el curso online gratuito solo necesitas hacer click en la imagen y registrarte en la página. Te informamos que estará disponible hasta el 9 de julio, a partir de esa fecha estaremos trabajando en el Taller Online AdTox (Adiós Actitudes Tóxicas) durante los próximos meses. Escríbenos a info@centrofames.com si tienes alguna pregunta y estaremos encantados de ayudarte.

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