La batalla de los deberes

La batalla de los deberes

por / viernes, 18 noviembre 2016 / Publicado enArtículos Interés, Noticias
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Las últimas semanas hemos tenido la oportunidad de dar la visión sistémica acerca de la batalla de los deberes de la mano de la directora de Centro Fames, Susana García Gutiérrez. Por un lado con una entrevista en “Radio Evolución Burgos” y por otro desde su intervención en la sala de tuits del gobierno que abrió el debate sobre este tema esta misma semana.

Desde esta visión te compartimos este artículo así como el resultado de sus intervenciones.

 

La batalla de los deberes.

El título lo dice todo, parece que hayamos entrado en guerra, parece que esto sea disciplina vs felicidad. Mi pregunta, ¿tenemos que elegir entre ambos?

La disciplina es necesaria, siempre y cuando sea positiva, cuando re-encuadramos esta palabra y asociamos a tener hábitos y método que apoye y ayude en el aprendizaje. Sucede que esta palabra ha sido tan utilizada de forma negativa, incluso asociada a la violencia, que no es de extrañar que algunos huyan de ella como la peste.

Por otra parte, está la felicidad. Otros yéndose al extremo contrario, lo asocian a la dejadez, la desidia y la vaguería. En lugar de entender que cuando haces aquello que te gusta, cuando tu vida está alineada a tus valores tanto personal como profesionalmente puedas sentirte mucho más feliz. No una felicidad bobalicona y sin sentido, sino una consciente, construida desde la resilencia después de superar los avatares de la vida.

Es decir, que se quiera ser feliz no va en contra de ser disciplinado, hacer tareas y ser un gran profesional. Al igual que aplicar hábitos, metodología y, en ocasiones, hacer cosas que gustan menos no te impide sentirte feliz. Siempre y cuando, en ambos casos tus actos vayan totalmente alineados con tus valores.

Un ejemplo: para algunos (incluyo a padres y profesores pensando en sus retoños o alumnos) pueden considerar un éxito que un chico o una chica tenga un gran puesto de trabajo ganando mucho dinero, manteniendo una casa con jardín, dos coches, tengan marido o mujer, o solos según el caso, niños y la mascota. Asocian ese éxito a felicidad. Porque han puesto la felicidad en manos del “tener”. Y esto nos lo siguen vendiendo socialmente, aunque cada vez es menos creíble.

El éxito y la felicidad son conceptos muy variables y volubles, porque cada persona considera el éxito de diferente manera y cada cual crea su propia receta de la felicidad. Ambos, de alguna manera, forman parte del mismo paquete. Los padres queremos lo mejor para nuestros hijos y, en esencia, los profesores (maestros con vocación de enseñar) desean transmitir a sus alumnos aquello que saben, lo mejor de sí mismos. Quieren que sean estupendos, los mejores.

Unos y otros tienen su idea personal de ese éxito. Pocas veces nos preguntamos ¿qué quiere ese chico o esa chica? ¿cómo le gustaría de verdad vivir su vida? ¿Nos interesamos por saber qué puede aportar a la sociedad siendo como es diferente e irrepetible? Y cuando surgen voces que sí se preocupan de conocer estas respuestas, aun así, se topan con un sistema, un techo que quiere devolverles al redil.

Por un lado, existen talentos específicos, necesidades de aprendizaje especiales (teniendo en cuenta el diseño actual); por otro un sistema de vida voraz, necesitado de personas que sigan perpetuando el modelo actual, comes o te comen, tener en lugar de ser.

Acoger las diferencias, aportar a cada uno aquello que necesita para desarrollarse y crecer. ¿Supone eso mayor trabajo y esfuerzo tanto para padres como para profesores? ¡Por supuesto! Implica cambios y compromiso. Sin una colaboración estrecha, conjunta, de equipo, con apertura, incluyendo en vez de excluyendo, entre familia y escuela esta batalla llevará a otras y tendremos una guerra que no conviene a ninguno, mucho menos a nuestros hijos, los grandes perjudicados. En nuestras manos de adultos está enseñarles un nuevo camino a los chicos. Dejar de juzgarnos y desacreditarnos unos a otros en nuestras labores de padres o docentes según corresponda.

Desde ahí, la lucha de deberes, planteada como está, es solo la parte visible de una necesidad mayor, un cambio más completo y global a nivel educativo. Es evidente que los chicos necesitan tiempo para la familia, para aprender otras materias, para otras actividades. Al igual que ciertas tareas les ayudan a mejorar, a dar un paso más, a hacerse responsables y autónomos, a convertirse en seres independientes. Necesitamos un cambio profundo, desde la raíz, desde la misma relación vincular de familia y escuela. Divididos será largo, tedioso y seguramente improductivo.

¿Seremos capaces de buscar esa unión y consenso? De momento parece poco probable, aunque sigo poniendo mi confianza y mi trabajo en esa dirección.

Resumen sala de tuits.

Aquí mi resumen del encuentro del pasado lunes en la #saladetuits sobre los #deberes y la #educación (con mis ideas y las aportaciones que allí se hicieron)

– Para mi, lo más importante destacar que no podíamos quedarnos solo en deberes si, deberes no, sino que se necesita un cambio más profundo, tanto a nivel educativo como social.

– Este tema no atañe solo a la educación, también a un cambio social dado que existen problemas para conciliar y disponer de tiempo con los hijos para apoyar su desarrollo y aprendizaje. Tanto padres como alumnos tenemos jornadas muy largas.

– Es importante que a ese respecto se involucre tanto a madres como a padres. Así como se expresó la necesidad de la relación estrecha entre padres y profesores. Mi aportación fue que además se tuviese en cuenta a los alumnos en las mismas tutorías, es de ellos de quien se habla, son los protagonistas.

– La OCDE marca que a partir de 4 horas a la semana de tareas ya no se es productivo.

– Se trató mucho el tiempo dedicado a las tareas y la diferencia que esto tiene en los diferentes ciclos. Primaria y secundaria tienen necesidades diferentes.

– Mucho más importante la necesidad de acotar tiempos y enfocarse en tareas realmente útiles, que apoyen el aprendizaje, porque leer, ir a un museo, también son formas de aprender, así como tareas hechas en el hogar.

– Acuerdos dentro de los centros a la hora de indicar qué tareas y de qué tipo, cuál es su forma de proceder. Aunque no siempre es una cuestión de un centro sino diferentes formas de entender de cada profesor.

– Cambio educativo para adaptarse a la realidad. Hay quienes tienen miedo al cambio (si yo estudié así…). Son otros tiempos, muchos innovan y otros se anclan en esa visión del pasado.

– Implicar a las empresas en este proceso, proporcionar tiempo y dedicación para las tutorías y relación con la escuela de nuestros hijos.

– Tener en cuenta las diferencias de cada alumno, personalizar al máximo, cada alumnos necesita cosas diferentes. De ahí que sea fundamental la relación entre familia y escuela, que vayan de la mano.

Tomé algunas cosas aunque alrededor de ello se habló mucho más. Yo sigo en mi visión, cuidar los vínculos entre la familia y la escuela, los valores acorde entre ambas, como paso fundamental para el entendimiento y puesta en marcha de un cambio real en este aspecto. Juntos, con puntos en común, podremos apoyar mejor ese cambio.

Gracias a todos los que compartimos debate:

Alberto San Juan, director general de la familia y el menor de la Comunidad de Madrid.

Usúe Madinaveitia Herrera, de mamiconcilia.com

Alejandro Gordon, director de comunicación de The family watch.

Susana Morcuende, de Yo soy tu madre

Eva Bailén, autora del libro “Cómo sobrevivir a los deberes de tu hijo” (quién inició en change.org la petición para este tema)

Claudia Caso, de Workandlife

Begoña Ladrón de Guevara, presidenta de COFAPA

Nadia García, secretaria de la Red de municipios por la familia.

Entrevista en Radio

Y si aún no escuchaste la entrevista, aquí te incluimos la grabación.

One Response to “La batalla de los deberes”

  1. Burgalés dice: Responder

    Mucha “charrameca” de despacho pero ¿cuál es la solución al “analfabetismo funcional” y a la “gandulería” de muchos de nuestros jóvenes alumnos?

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