El Valor de los Valores en el ámbito familiar

El Valor de los Valores en el ámbito familiar

por / jueves, 20 noviembre 2014 / Publicado enArtículos Interés

Nuestra docente Marta Badía, experta en Coaching de Familia y Coaching por Valores nos da una amplia visión de la base de los valores en el proyecto familiar.

El valor de los valores en el ámbito familiar empieza por la integración de los mismos, no sólo por la realidad sistémica o por la raíz educacional de padres y educadores, sino también – y muy relevante – a propósito del entorno.

Para analizar hasta qué punto el entorno incide en nuestros valores, veamos primero cómo respiran las estadísticas de la última década:

Cuando hablamos de familia, cada uno tiene grabado en su retina lo imaginado, lo proyectado o lo vivido. Pero lo cierto es que en nuestros días la familia se presenta cada vez más reducida y heterogénea. Las parejas con 1 o 2 hijos aglutinan la mayor parte de los hogares, seguido de madres con hijos, parejas con 3 hijos y de manera residual con 4 hijos o ninguno.

La diversidad la distinguimos por la estructura familiar, donde las familias monoparentales representan un índice notablemente elevado, tanto por procedencia de madre soltera, como por divorcio. También viene dada por la división del trabajo doméstico y cuidado y educación de los hijos a consecuencia de la ampliación de responsabilidades en la pareja.

Hablamos de una familia económicamente mejor situada pero con importantes bolsas de pobreza relativa: las familias monoparentales son las que tienen menor nivel de renta relativa, y también las de mayor riesgo de pobreza. Su nivel de vida relativo ha crecido mucho menos que en el conjunto del resto de los hogares.

En lo concerniente a las viviendas familiares – y este es también un dato relevante que condiciona al entorno -, nos encontramos frente a unos hogares cada vez mejor equipados. Se ha vuelto más habitual que los hijos tengan su propia habitación así como otras comodidades que se han vuelto evidentes en sociedades desarrolladas.

Primer detonante de lo anterior: Recoger la habitación es una nueva fuente de desavenencia. Y aunque eso parezca una cuestión prosaica, es causa de múltiples discusiones que terminan en conflicto.

Estamos frente a una familia cada vez más negociadora, el reflejo del proceso de individualización en lo que a relaciones intergeneracionales se refiere. Este hecho plantea visiones e interpretaciones contradictorias en la toma de decisiones en el hogar desde el punto de vista de los padres:

Compra de ropa, menú de la comida, tiempo de televisión, dinero para gastos, hora de llegada entre semana y fines de semana, etc. La decisión de los padres, de padres e hijo conjuntamente o del hijo solamente, varía en función del concepto y de la edad.
Por otro lado, la flexibilización de las normas de convivencia y la capacidad de negociación de muchas de las cuestiones que no eran permitidas en el pasado, no implica forzosamente una pérdida de control por parte de los padres en el proceso educativo y formativo de sus hijos.

La familia negociadora tiene pues sus pros y contras en la labor de socialización de las nuevas generaciones. Negociar los niveles de autonomía de los hijos no es garantía de éxito, pero tampoco es la causa de todos los fracasos.

Y quedaría hablar de la organización de la convivencia, esto es, los tiempos de la vida familiar, hora de levantarse, de inicio laboral, de salida del trabajo, de la escuela, llegada a casa, hora de acostarse, etc.:

Todo lo anterior, como apuntábamos al inicio de este artículo, condiciona la elección e integración de valores ya que, si bien algunos de ellos son de carácter transgeneracional, habrá otros que tomarán mayor importancia y actuarán como valores aspiracionales porque acompañarán en aquellos aspectos vivenciales del entorno actual.

¿Por dónde empezar?

Es importante evitar a toda costa proyectar en nuestros hijos. Les damos vida para que la vivan y es vital educar para otorgar herramientas que les confieran autonomía y seguridad. Por tanto, no hay que generarse expectativas y trabajar mucho la capacidad de frustración en nuestros hijos, no solamente la autoestima.

Es imprescindible el fomento de los valores. Aunque todavía más importante es descifrar aquellos valores que el niño ha integrado como valores fundamentales. Llevarlos a la consciencia le otorgará un autoconocimiento y un poder de elección mucho más eficaz.

Tomar decisiones acertadas o establecer objetivos válidos, pasa porque exista una alineación con esos valores fundamentales. De lo contrario podemos entrar en la curva de la infelicidad inconsciente. Además, los valores se instalan en nosotros para toda una vida aunque su manifestación u orden sí va variando a lo largo del tiempo, incluso pueden aparecer valores aspiracionales nuevos, en función del objetivo que tenemos delante, del entorno en el que nos toca convivir y de ciertas experiencias de impacto que nos han ocurrido en nuestra andadura.

¿Los valores se aprenden?

No poseemos la ética por naturaleza; se desarrolla mediante el hábito y se consolida ejercitándola. Los valores se aprenden en la medida en que se ponen en práctica y se da testimonio de cada uno de ellos.  Se construyen en un proceso vitalicio constante, pero que tiene su momento álgido en los primeros años, cuando se sientan las bases de lo que será el modelo ético del adulto.

En el plano educativo, por ejemplo, es importante generar el valor del aprendizaje escolar como un privilegio. Si lo viven como un derecho les puede llevar a cierta actitud laxa. Si lo viven como una obligación, posiblemente les conduzca a la rebeldía y consecuentemente a una cierta actitud de desidia o despreocupación. El privilegio les otorga indirectamente compromiso y responsabilidad: los dos elementos clave para poder pasar a la acción con éxito. Un éxito que además de ser medible es intelectualmente de su propiedad.

Los valores son en sí una decisión, un acto que nos pide de cierto esfuerzo, generosidad, comprensión y sensibilidad. Ellos son nuestra hoja de ruta, la que nos acompaña en nuestras decisiones, elecciones y modo de emprender la acción hacia nuestros objetivos.  Responden a para qué hacemos lo que hacemos.
Educar en valores siempre será complejo, puesto que cada persona conforma un universo propio y único, enmcarcado en un entorno y realidad distinta al de nuestros venideros. Pero hay que vivirlo con la naturalidad necesaria, revisando nuestros valores de hoy y llevarlos a la conciencia para que entendamos mejor aquellos que quedarán instalados en el mapa mental de nuestros hijos o nuevas generaciones y que no siempre coinciden con los que ancestralmente recibimos nosotros.

Hay un pensamiento zen que dice “La vida es sencilla si no la complicamos”. Quizás la compleijdad de educar en valores puede retroceder a su simplicidad  a partir de algo tan sencillo como es conocerse primero y dar ejemplo después. A veces los grandes discursos no son necesarios.

2 Responses to “El Valor de los Valores en el ámbito familiar”

  1. Me ha encantado el lenguaje y modo en el que ayudais a integrar los valores de agradecimiento, amor y alegria en las familias. El método 3 donde los progenitores y los descencientes hablan de sus necesidades, plantean posibles soluciones y los progenitores acuerdan unas acciones a llevar a cabo para el bienestar y ganar-ganar de padres e hijos. Noevos paradigmas para integrar valores de autonomia y responsabilidad individual en la familia del siglo xxi. Enhorabuena por el buen trabajo de educacion parental.

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